viernes, 25 de septiembre de 2026

55 días hábiles

 Cuánto tiempo desde la última vez...!

Desde el 2021 pasaron muchas cosas, todas buenas, gracias a Dios. Hubo más viajes, a cual más hermoso, los míos bien, creciendo o envejeciendo, según toque a cada uno, pero todos viviendo la vida con intensidad. 

Vuelvo con la necesidad de contarme lo que me está pasando, atravesando. Como si caminara por sobre una soguita desde la punta del obelisco porteño a la punta de algún mojón de la puna jujeña. 

Estoy atravesando un momento bisagra en mi vida. En poco más de 50 días hábiles, habré renunciado definitivamente a mi cargo de Vicedirectora en una escuela primaria del GCABA para iniciar los trámites jubilatorios. 

Estos días están llenos de ansiedad, un miedo poco racional,  una alegría apagada con sordina, expectativas muchas, proyectos de deseos postergados, pero sobre todo miedo. El maldito miedo. 

Empecé a trabajar a los 18 años, casi por casualidad en una escuela de la calle La Rioja y Brasil. Creo que todavía me entraba mi delantal de 7° grado, cuando arranqué como maestra de música y el director de la escuela me presentó en el patio frente a todo el alumnado mientras bajito me decía " nunca dejes la cartera a mano, porque te la van a robar".

De esa escena ya pasaron 39 años y me parece verdaderamente inverosímil, que esté por dejar la profesión. El año pasado estaba desesperando porque llegara este momento y ahora, que estoy a tan solo una cincuentena de días, lo vivo todo con esa intensidad de los primeros años, esa candidez, ese amor visceral.

Por dentro me estoy despidiendo todos los días. Ando lloriqueando emocionada.

Esta escuela de la que me estoy yendo, es como mi casa. No puedo haber tenido mayor suerte. Su director, es para mí, como un hermano mayor ( aunque tenemos la misma edad),  y a muchísimos de los pibes los quiero como si fueran mis nietos.  Me encuentro feliz y con un miedo que tiñe todo.

Miedo a que no se me dé.

Miedo a que se me dé.

Miedo, del tipo catastrófico.

Miedo a no vivir tanta libertad como lo vengo imaginando desde hace ya varios años.

Miedo a ese tiempo nuevo, a esta nueva edad en que ya vas protagonizando otro tipo de historias.

Miedo a lo que me puede llegar a faltar. 

Miedo a lo que evidentemente no puedo controlar ni manejar.

Y todo ese miedo me da una bronca infinita. Porque cuando imaginaba este tiempo, lo imaginaba con esa alegría que nace de la excitación de estar viviendo algo que esperaste por muchísimo tiempo. Pero me gana esa otra parte mía que no está nada buena, que me trae un agobio emocional tan innecesario. 

Así ando contando y no contando cada día que me separa de la certeza de que esta parte mía, este modo de ser Mariana, de esta profesión que definió mi vida laboral tantos años, finalmente se acaba. 

Así ando luchando contra mis propias sombras queriendo ser feliz de una reputísima vez. Hablo de vivir esa felicidad loca, festiva, adolescente. 

Que me lo merezco, de verdad me lo merezco.