Pusimos proa con nuestro auto alquilado por ruta Nac.9 rumbo a Abra Pampa. La ciudad en cuestión no tiene mayor encanto, pero apreciar el camino despojado de vegetación, ver cómo los cardones de Tilcara van desapareciendo con el andar hasta encontrarte con cielos desmesurados, mesetas ralas de pastos duros, cerros multicolores, un silencio ensordecedor que te conecta casi de un puñetazo con la conciencia plena de lo diminuto que somos y de lo inmenso del universo, ideas nada novedosas pero de una certidumbre pasmosa. Todo eso se te planta de cara a tus sensaciones y te sientes increíblemente libre. Vení que te muestro el camino. Atenti que de improviso se te cruzan rebaños de ovejas o manadas de llamas y vicuñas y ya entonces, la fiesta del alma es completa.
Qué hermosa sos!
Ups! Me descubrió!
La urbe en cuestión está poblada en su mayoría por habitantes de origen coya que veneran especialmente las tadiciones ancestrales.
Entramos a almorzar en una casa - fondita- que daba buen aspecto y ofrecía un menú sencillo.
Comida casera, hecha con sabor y mucho amor.
Estar aquí se siente muuuuy bien.
Los cementerios del NOA tienen una dedicación amorosamente intencionada. Flores de papel multicolores, objetos personales, casitas para el descanso eterno.
Las mujeres ya las has visto con sus niños echados a la espalda o cargando bultos como mulas. Se las ve abnegadas y sufridas.
A los hombres los hemos visto en dos planes, versión machista " que trabajen las mujeres" o igual o más sacrificados que las mujeres en plena tarea o caminando enormes extensiones, suponemos que yendo de un pueblo a otro en busca de trabajo o en camino a casa.
Volvemos a Tilcara embebidos de tanta belleza, tanto silencio , tanta tranquildad, tanto andar slow, tanta inmensidad.

















































