Estoy en un tiempo de espera.
Me envuelve un enorme paréntesis.
Perdí la libertad.
Se acabó el tiempo de la inocencia.
Estoy atrapada en la telaraña del miedo.
Pero trato denodadamente de aferrarme a aquello de
" Esto también pasará".
No soy buena para las esperas de esas que desesperan.
Pero es el tiempo que toca vivir.
Si nos arrancaba contándoles esto, no sería yo misma y acá en este espacio tan mío y tan de quienes se lo apropian con afecto genuino, me muestro con todo lo que yo soy y me atraviesa.
Es un bajón? Y sí lo es.
Ahora a lo que venimos.
Hace como dos meses, habíamos sacado las entradas para ver este jueves último a Vicentico en La Trastienda.
Nunca lo habíamos visto antes en un show, ni somos seguidores fanáticos, pero el Vasco quería ir.
La fecha justo cayó en un día de estos que no me están siendo fáciles de vivir. Pero pensamos que estaría bueno cambiar un poco la energía y arrancamos para San Telmo.
Y qué suerte que nos decidimos a ir, terminé bailando y cantando a viva voz como exorcizando tanta tristeza. Su show fue hermoso. Estábamos en la primera mesita pegados al escenario así que no me perdí detalle y me transmitió mucha cosa linda.El Vasco contento.Yo también.
Salimos renovados. Cantar hace bien.
Ya era bastante tarde, pero nos tiramos un lance para ver si podíamos cenar en Café San Juan.
Y sí...qué acierto!
Ya lo conocíamos, pero no es un lugar al que vayamos todas las semanas y, siempre nos da cierto chuchito que un lugar que nos prodigó tanta felicidad nos frustre con una decepción gastronómica.
Pero no...aplausos, medalla y besos para la troupe de cocineros que comanda Leandro Cristóbal, conocido como "Lele".
De primero, unas bruschetas con paté de conejo y salsa de ciruela.
Deliciosas esas tostas. Equilibrio de sabores.
De segundo unos taglitelles con camarones, aguacate, tomates confitados y azafrán. Riquísimosssss!
El Vasco se arriesgó y pidió unos canelones de molleja, ricota y espinaca en una salsa de tomate que- por Dios- tenía gusto a tomate!
Realmente un plato mejor que el otro.
A pesar de que ya éramos la última pareja cenando, no pudimos resistirnos a los postres.
Bavarois de maracuyá con salsa de frutos rojos para mí...
Terrina de chocolate con garrapiñada de almendras para el Vasco, una riquísima piña directa al hígado.
Ese show precioso y la cena estupenda fueron un gran paréntesis alegre dentro del paréntesis infeliz que me impone la vida.
No quiero desaparecer de este espacio, tampoco tengo muchas ganas de obligarme a postear, así que trataré de respetarme y si ven que por un tiempo no estoy por acá no es que lo abandoné es que no estoy de ánimo.
Gracias como siempre y siempre!
Que estés bien!







































