Qué penita, pena da dejar esta tierra maravillosa.
Linda gente, pueblos divinísimos. comida muy rica, precios justos...cielo azul y un sol estridente en pleno enero invernal. Todo fue ganancia desde que llegamos.
Acá volvemos, seguro. Cuándo? Se verá, pero queda como esas ciudades a las que nos gusta volver.
Un tren de alta velocidad para llegar a Madrid, al encuentro de mi madre.
Entretanto en Buenos Aires, mi hermano menor con su flia acompaña a mi vieja a Ezeiza a despedirla y a darle muchos abrazos que la impulsen una vez más a largarse sola a la aventura de cruzar un océano.
Buen viaje, mamá!
Nosotros ya en el tren camino a la Madrid, que tanto amamos.
Llegamos a Atocha.
Y en nadita ya estamos juntos los 3!
Casi como cávala la primera parada, la hacemos en el Mesón Portomarín de Lavapiés. Un mesón de comida gallega que está bueno, bueno, como para chuparse los dedos.
El día sigue y la pateamos de arriba-abajo, hasta que se hace de noche y nos clavamos una pizzita en los de nuestro amigo del Danuvio.
Y sí, ahora toca descansar que al otro día de madrugada para Barajas otra vez, a tomar el vuelo a Roma.
Pandemia de por medio, lo que extraño estar en un aeropuerto, no se lo pueden imaginar.
Ya estamos en vuelo, a Fuimiccino!
En un par de horas, aterrizamos en la Roma eterna, la Roma Amor
Y dónde nos vamos a alojar si no es en B&B Town House Fontana di Trevi, que no por nada lleva ese nombre, dado que literalmente está a media cuadra de semejante ícono italiano.
Desde nuestra finestra, se ve y se escucha el rumor de la fontana. Nos senitmos inmensamente felices y agradecidos a la vida, una vez más.
No sabíamos que se nos dificultaría tanto volver a viajar. Que habría una pandemia mundial que nos tendría a todos guardados soñando sueños y cuidándonos para seguir gambeteando, pero tan lejos de valijas, aeropuertos y pasaportes.
Bueno, ya se podrá. Por el momento viajemos con lo viajado. Abrazo a los y a las que todavía andan por acá y se acercan a leer. Y para todos un "que estemos bien".
Para quienes conocen nuestra manera de viajar, no habrá de asombrarles el saber que Madrid es nuestro punto de llegada y de partida tanto desde Argentina hacia Europa como dentro de Europa para pasar de un país a otro, siempre hacemos escala de una noche en Madrid, para dejar parte del equipaje y cosillas que vamos comprando en el hotel, donde les resultamos de lo más excéntricos. Les parece increíble que vengamos de tan lejos, un año tras otro. Nos preguntan por nuestras peripecias turísticas y les parecen de lo más increíbles.
Nosotros arropados con tanto cariño y en un lugar tan chulo, cómodo y tan re contra bien ubicado, nos sentimos realmente como en casa.
Al dejar Italia, nos marchamos hacia Madrid. Ya que después de 15 días en ese país magnífico y tan disfrutable, se hacía imperativo pasar por Madrid, dejar lo mucho que cargábamos, reacomodar los petates y noche mediante, volver a partir.
La cuestión es que llegamos a Madrid el día de su Santo Patrono, el día de San Isidro Labrador.
Los madrileños volcados en sus calles, disfrutando del feriado y de todas las festividades que se desparramaban por la ciudad para celebrar al Santo Patrono.
A nosotros nos esperaba un día largo y muy esperado. Es que desde casa, nos habíamos arreglado para conseguir unas entradas a la grabación de uno de los programas españoles que vemos semana a semana desde la comodidad de nuestro silloncito hogareño.
Pasamos por el Mercado de San Miguel, pero estaba repleto de gente, Así que nos hicimos con algunas cosillas para no perdernos el antojo, echar un bocado de alguito rico y seguir por nuestra Madrid.
No era hora para meternos a un chocolate caliente en la inigualable San Ginés. Chocolatería de pura cepa de la Madriz más tradicional.
Nosotros le metimos a la caminata. Y seguimos hasta una zona por la que no solemos andar, en busca de una heladería sucursal de la mejor que puedas encontrar en Roma.
Y al caminar por la calle San Bernardo, imposible no disfrutar del frente de sus edificios.
Lo antiguo y lo moderno en perfecta armonía.
Y ahí estábamos en la Gelatería La Romana, degustando por cortesía de los dueños, luego de zamparnos sendos helados deliciosos, una mousse de mascarpone, il vero mascarpone. Todo tan rico, que estábamos felicísimos!
Y a seguir como patitas de perros...Madrid es tan preciosa, como amable, amigable...y de muchos modos cercana.
En la calle Preciados, la del Corte Inglés, se dejaban ver hombres y mujeres, jóvenes y mayores, niños pequeños, ataviados con la vestimenta tradicional de esta fecha.
Durante las fiestas de San Isidro Labrador, las celebraciones se reparten por toda la ciudad; tanto el Ayuntamiento como entidades privadas como las casas regionales con domicilio social en Madrid organizan bailes regionales en la Plaza Mayor, ferias gastronómicas, verbenas de barrio, desafíos taurinos, actos religiosos y deportivos. Cada 15 de mayo es costumbre que los madrileños se reúnan para comer en la famosa pradera y beber el agua que sale del caño de la ermita. El paseo que da a la ermita se llena de puestos con diversos elementos gastronómicos de la cocina madrileña como pueden ser la fritura de las gallinejas y los entresijos, bocadillos y encurtidos diversos. También es típico bailar un chotis vestido de chulapo y comprar las tradicionales rosquillas en los puestos de la feria.
Pero a nosotros nos esperaba Andreu Buenafuente, un cómico catalán, que tiene un programa genial y con su equipo de trabajo de Late Motiv.
Es que no lo podemos creer. Primera fila los pibes para no perderse detalle. Habíamos pedido varios meses antes poder asistir al programa y se nos dio!
Uija!!!!
Iupi!!!
Salimos tan contentos... cómo nos gusta Madrid y su gente sobretodo!
Derechitos al hotel...a preparar los bártulos!!!
La noche la terminamos en el cuarto del hotel comiendo riquito. Que toca descansar, reponernos para emprender una nueva ruta.
Hasta la próxima!!!! Buen fin de semana..que estemos bien!!!