Cuando el Vasco hubo terminado en Vitoria todas sus reuniones laborales, pasó a buscarme por el hotel. El reencuentro fue hermoso porque los dos lo habíamos pasado muy bien y teníamos mucho para compartir.
Nuestro rumbo marcaba proa a Camprovín, un pueblo de la comunidad autónoma de La Rioja.
La ruta se volvió un lienzo bellísimo en el que se plasmaban múltiples colores y auténticas imágenes bellas.
Tierra de viñedos.
Y de uno de los mejores jamones españoles: "La Alegría Riojana". Hacia allá íbamos. El paso fue "breve". Reunión de negocios y a seguir, que el capricho consistía en llegar a cenar a Pamplona, no a cualquier lugar, sino a nuestro lugar predilecto, Casa Otano.
Llegamos. Ya estamos en tierras navarras. Tiramos todo en nuestro hotel de siempre, el Maisonnave, y caminando a Casa Otano. Pero al llegar estaba cerrando. Mi cara de traste con el Vasco, que se había demorado en sus propios vericuetos, era de esas de antología.
Vinimos a Pamplona exclusivamente a cenar acá y estaban diciéndonos que lamentablemente no nos podían recibir.
Tal mi malhumor que el Vasco les explicó todo esto a los muchachos del bar de Casa Otano y nos dijeron con la mejor onda del mundo que de ningún modo nos íbamos a volver a Argentina antojados, que podían sacar platos no muy elaborados sin inconvenientes porque todavía les quedaba limpiar todo el salón.
Re contra macanudos.
Sin complicaciones, unas patatas bravas.
Unos chipirones leonesa y un pulpo a la gallega.
Saciamos nuestro antojo sin perjudicar a los laburantes de Casa Otano.
Después a dormir la mar de contentos y a empezar un nuevo día.
Tuvimos un desayuno espectacular en el hotel. Acá viendo cómo estaba el día desde la ventana del cuarto.
Alojados en pleno casco histórico, a poco andar de la sede municipal en donde se inician los San Fermines.
Recorremos las calles ya conocidas averiguando cómo llegar a nuestro próximo destino. Pamplona es híper turística por los San Fermines, pero eso no hace que pierda su encanto.
Las figuras de los gigantes y cabezudos que coronan muchas de las fiestas populares.

Escudos heráldicos.
Y la plaza principal.
Balcones con su toque "punchi".
Edificios que tienen mucha historia!

Vascas que se la bancan.
Peregrinos y mochileros en cualquier época del año.
Detalles de color a la última moda.
Bueno, hasta acá nuestra visita relámpago a Pamplona. Hay mucho más de esta ciudad en post de viajes invernales anteriores. Te deseo un excelente fin de semana. Ojalá por acá podamos decir lo mismo. Abrazo grande y gracias por seguir acompañando y disfrutando con nosotros!

























