Si hago este post te aseguro que no es por alardear de absolutamente nada. Sería de mal gusto, de gente de medio pelo y yo no soy así. Como buena clase media laburante, todo lo que voy a mostrarte en este post nace de la mirada asombrada de una concurrida viajera en aviones clase turista desde mis 23 años.
Nunca imginamos que este viaje de no más de 20 días lo haríamos en plan placer absoluto desde el vamos!
Se presentó la oportunidad, yo venía de estar muy mal de mis huesos como para afrontar un vuelo de tantas horas comprimida en el asiento, más mis fobias...que..."ma..si"!
Llegamos a Ezeiza acompañados por amiga, cuñado y sobrinas. Después del check in y de haber compartido con ellos un aperitivo en una de las confiterías, ingresamos a los controles , pasamos por aduana y una pasadita breve por el salón VIP de Iberia ( como para chusmetear vio?).
Cuando subimos al avión y logramos penetrar la cortinita que divide horriblemente una clase de pasajeros de otra ( como si se pudiera filosóficamente hacerlo en verdad), se abrió un universo de comodidades que agradecés desde que te sentás en tu amplia poltrona hasta 12 horas después.
Como decimos con el Vasco, "Hay otra vida, pero es...un "poco" más cara".
Sólo por la inigualable posibilidad de viajar con los pies en alto y estirados, vale la pena cada uno de los manguitos que te dejás en las arcas de la empresa aérea española.
Las fotos que darán cuenta de este permitido, no son de buena calidad, es que no me daba para sacar la cámara tipo "mirá viejo...faaaaah...qué bueno!Sin embargo sirven para ilustrar lo bien que te lo podés pasar viajando en business.
Dentro del necesaire de cortesía había además de peine, crema dental, cepillo de dientes y calzador, una divinas cremas de L'Occitane, una esponjita para lustrar el calzado que a mí siempre me viene de perlas, una bolista bastante chotis para guardarlo , un par de medias de use y tire y una máscara que zafaba bastante para cubrir los ojos y dormir a tus anchas.
Esta es la imagen de la felicidad para mí.
Una copita de lo que quieras ni bien accedés a la cabina. Yo discreta, arranqué con juguito de naranja que me dio una acidez importante.
Y un menú para que ordenes qué platos tomarás avanzada la noche.
Sobre tu mesita revatible, un mantelito de tela.
En mi vida toda, jamás pensé que iba a poder tomar helado en un viaje de avión de 12 hs de vuelo. Pero sí...hay otra vida...ja!
Luego del postre una copita de licor de Jerez Pedro Ximenez que era una pasada.
Y entonces, con panza llena, corazón contento vi una peli buenísima y me aventuré a dormir 8 horas sin parar sin necesidad de ansiolítico alguno.
El mejor amanecer en vuelo que he tenido en 46 años.
Nos sirvieron un desayuno bastante rico.
Monadita de detalle para quienes, como yo, le ponemos pimienta molida negra a casi todo.
Una vez aterrizados, bajé del avión 0 km. Sin dolores, sin sueño...sin bastantes mangos -también- que quedaron en ese capricho que jamás nos arrepentiremos de habernos dado.
Llegar a Madrid me produce siempre, pero siempre, siempre, un gozo indescriptible. Es esa alegría genuina, que, a pesar de los muchos viajes que nos han llevado a esta ciudad hermosa, nace del asombro, de que es verdad que estamos allí nuevamente. Para mí siempre, llegar a Europa supone una primera vez. Aunque ya sepa por dónde bajar rápido para tomar ese endemoniado trencito que no sabés ni adónde te lleva porque no lo conduce nadie, pero que estás obligado a tomar si vas a la T4 y necesitás recoger equipaje.
Llegar a Madrid me estampa la sonrisa en la cara y siento esa alegría invasora que pareciera me renueva algo celular en mi cuerpo y en mi alma.
Una vez fuera , nos dirigimos al transfer que el hotel nos ofrecía, por encontrarse en cercanías del aeropuerto de Barajas, ya que al otro día tempranísimo deberíamos volver allí a tomar un vuelo hacia Roma.
Debíamos esperar más pasajeros. A que sí saben de qué país volvían estos turistas españoles? Los souvenires, nos delatan siempre!
El Hotel Nuevo Boston es muy buena opción si no tenés pensado ir y venir al centro de Madrid a diario. Si es para dormir una noche para tomar un vuelo al otro día, genial! Cómodo, divina la cama, limpio, con un servicio de transfer impecable que no sólo te lleva y te trae del aeropuerto, sino que a determinadas horas te lleva y te busca del centro de Madrid de modo gratuito.
Así que dejamos todo, nos acomodamos un poco a los nuevos horarios y tomamos el transfer que en un 1° de mayo nos llevaría al centro de Madrid, dejándonos en la Puerta de Alcalá, mismo lugar de donde nos recogerían. Siete menos veinte de la tarde y todavía de día? Esto recién empezaría.
Madrid en un día soleado es una fiesta siempre. Pensamos sin embargo que un 1° de mayo estaría bastante vacía la ciudad. Pero muy grande y en un punto desesperanzadora fue verla llenísima de gente pululando de aquí para allá. Cuando comprobé que, además de mucho lugareño aprovechando el feriado, había muchos contingentes de turistas, me sobrevino cierta desilusión. Ahí me di cuenta el costo que tendría haber viajado en, sin dudas la mejo época del año.
Cada viaje que hemos hecho en estos últimos 10 años, ha sido en invierno y las ciudades y pueblos son sólo para nosotros. Hay turismo, pero del de viajeros. No ves la ciudad llena de grupos que van siguiendo un paragüitas en alto. Los ves de a dos, de a uno, con su cámara al cuello paladeando cada paso. Y añoré esa sensación de viajera. No quería que nada me asimilara a una turista. Eso me puso algo triste.
Pero pronto entendí que como digo yo siempre" todo en la vida no se puede, ni se da junto al mismo tiempo". Así que me propuse disfrutar todo cuánto pudiera desentendiéndome de lo que hicieran los demás.
Sacudí mi musaraña mental e hicimos una parada técnica en nuestra taberna favorita del centro madrileño: Casa Labra.
Al salir el sol todavía en lo alto. Y yo sin creérmelo.
Andando y andando por los lugares que nos son tan entrañables se nos hicieron las 21 hs. y a plena luz del día.
La felicidad se echaba a andar para regalarnos un viaje sin igual. A descansar que para la próxima nos embarcamos para viajar a Roma.
A Madrid ya volveremos con tiempo al final del viaje.
Si estás ahí...gracias y que estés muy bien! El viernes te cuento la salida para Roma. Abrazo!
































