viernes, 28 de octubre de 2016

Antojados por cenar en Pamplona, Navarra


Cuando el Vasco hubo terminado en Vitoria todas sus reuniones laborales, pasó a buscarme por el hotel.  El reencuentro fue hermoso porque los dos lo habíamos pasado muy bien y teníamos mucho para compartir. 
Nuestro rumbo marcaba proa a Camprovín, un pueblo de la comunidad autónoma de La Rioja.



La ruta se volvió un lienzo bellísimo en el que se plasmaban múltiples colores y  auténticas imágenes bellas.





Tierra de viñedos.




Y de uno de los mejores jamones españoles: "La Alegría Riojana". Hacia allá íbamos. El paso fue "breve". Reunión de negocios y a seguir, que el capricho consistía en llegar a cenar a Pamplona, no a cualquier lugar, sino a nuestro lugar predilecto, Casa Otano.


Llegamos. Ya estamos en tierras navarras. Tiramos todo en nuestro hotel de siempre,  el Maisonnave, y caminando a Casa Otano. Pero al llegar estaba cerrando. Mi cara de traste con  el Vasco, que se había demorado en sus propios vericuetos,  era de esas de antología.

Vinimos a Pamplona exclusivamente a cenar acá y estaban diciéndonos que lamentablemente no nos podían recibir.

Tal mi malhumor que el Vasco les explicó todo esto a los muchachos del bar de Casa Otano y nos dijeron con la mejor onda del mundo que de ningún modo nos íbamos a volver a Argentina antojados, que podían sacar platos no muy elaborados sin inconvenientes porque todavía les quedaba limpiar todo el salón.


Re contra macanudos.
Sin complicaciones, unas patatas bravas.


Unos chipirones leonesa y un pulpo a la gallega.


Saciamos nuestro antojo sin perjudicar a los laburantes de Casa Otano.

Después a dormir la mar de contentos y a empezar un nuevo día.

Tuvimos un desayuno espectacular en el hotel. Acá viendo cómo estaba el día desde la ventana del cuarto.


Alojados en pleno casco histórico,  a poco andar de la sede municipal en donde se inician los San Fermines.


Recorremos las calles ya conocidas averiguando cómo llegar a nuestro próximo destino. Pamplona es híper turística por los San Fermines, pero eso no hace que pierda su encanto. 






Las figuras de los gigantes y cabezudos que coronan muchas de las fiestas populares.



Escudos heráldicos.



Y la plaza principal.


Balcones con su toque "punchi".


Edificios que tienen mucha historia!



Vascas que se la bancan.


Peregrinos y mochileros en cualquier época del año.


Detalles de color a la última moda.


Bueno, hasta acá nuestra visita relámpago a Pamplona. Hay mucho más de esta ciudad en post de viajes invernales anteriores. Te deseo un excelente fin de semana. Ojalá por acá podamos decir lo mismo. Abrazo grande y gracias por seguir acompañando y disfrutando con nosotros!


miércoles, 26 de octubre de 2016

Caminamos por el centro de Vitoria Gasteiz


Todas las ciudades vascas tienen su encanto y señorío. Pero de verdad, Vitoria, quizás por menos turística , te roba el alma.




Es una auténtica ciudad amable.



Coqueta y presumida. Tiene con qué.













 

Este es el contraste del que hablaba en el post anterior. El abuelo vasco de txapela negra tan característica del atuendo de este pueblo y la muchacha árabe con su cabeza cubierta. Tradiciones que parecen vivir en armonía.


Qué plaza más bella. Epicentro de reuniones en los barcitos que te invitan a pasarte un regio rato con un pintxo tradicional y algún chato de vino.




Y flores y verde, y más flores y más verde!




 


Y va saliendo el sol y toda caminata tiene su recompensa.


Está por acabarse este viaje inusual de primavera y no me creo que sean las 7 de la tarde y el sol sea una fiesta. En toooodos los viajes anteriores a esta hora noche cerrada (lo único ingrato que tiene el invierno para mí).




Pero no le aflojamos... la piba sigue caminando.Me voy cruzando con bancos, teatros, edificios emblemáticos...y qué muy bellos.



Esta, su estación de tren...


Me encantan sus edificios...



Su teatro más tradicional...


Y la modernidad de los medios de transporte.



Y como estuve en plan "meta vivir nomás...", el mejor helado de la ciudad! Una vieja heladería tradicional.


Mirá esas flores...son muuuy leendas! Y los balcones? A cual más hermoso! Podría vivir perfectamente en el departamento de la última foto.
 


Bueno, ojalá te haya gustado tanto como a mí. Vitoria es verdaderamente una ciudad para conocer, pero sobretodo para disfrutar sin prisas. Si volvería? Sin dudarlo!

Abrazo grandísimo! Hasta el viernes!