lunes, 22 de octubre de 2018

Cambados en la Pontevedra de las Rías Baixas.

No tuvimos la dicha de quedarnos todos los días que nos hubieran gustado en Santiago de Compostela, pero estoy segura de que habremos de volver, porque cuando una ciudad te invita a celebrar la vida generosamente, siempre nos dan ganas de volver.
De todos modos no queríamos dejar la tierra gallega sin darnos una vuelta por alguno de sus pueblitos maravillosos. Así que anduvimos preguntando a lugareños y nos recomendarnos visitar Cambados.


Nos hicimos de dos boletos de micro en la estación de autobuses compostelana y allá nos fuimos.



Nos ponemos en marcha. Pero dónde queda Cambados? Está justito en el centro de las Rías Baixas, en la provincia de Pontevedra, Galicia, al noroeste de España, a unos pocos 60 km de Santiago y lo mejor de lo mejor, es que veríamos los mucho que valió la pena pasar el día en esa tierra luminosa y encantadora.


No más llegar, la banda de músicos del pueblo nos recibe con pasodobles y alegría.


El pueblo estaba de fiesta y nosotros sin saberlo, pero con el corazón bien dispuesto a esas fiestas populares donde todos bailan, ríen, beben y comen lo típico y tradicional.


Nos pusimos a andar por dónde veíamos que iba la gente.


Y de pronto el primer hórreo. Construcción típica gallega para poner a secar cereales, maíz y conservar alimentos lejos de los animales.


Y otro más... bellísima construcción.




EL centro histórico es de cuento...precioso, muy cuidado y con gente amable y alegre.




Y toda la jarana del mundo en su plaza principal donde nos zampamos unas empanadas gallegas de esas de abuela.




Allí bailamos, comimos y bebimos como los lugareños, a pura risa.







Tierra del famoso vino Albariño.






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Esta escena bien podría estar salida de la serie española "Las chicas del cable", o no?


La cosa empieza a mermar.


Nosotros seguimos recorriendo.





Qué día más increíble, qué primavera más maravillosa nos tocó en esos días, No hemos- casi- visto lluvia.





Si bien habíamos hecho base en la plaza, no queríamos perdernos de almorzar y disfrutar de la gastronomía del lugar.Así que nos sentamos muy cómodamente en un lugar de lugareños para lugareños.¡ Qué bien se come en España por Dios! Compiten codo a codo con Italia.

Acá la carta, por si querés tener una referencia de precios...claro que fue con un euro a 20 manguitos en mayo de este año...aunque usted no lo crea!



Y nos sentamos a probar el pulpo, el famoso pulpo gallego y nos tentamos con muchísimo gusto, con algún que otro tentempié. ( chamullera la pibita).


Ultra mega ñam, ñam!



Y ella también...hermosa niñita!



A Fonte do Viño para recomendar muy masiado..ja!


A seguir caminando y disfrutando de este rincón precioso del mundo.









Y antes del atardecer pegamos la vuelta.


Y en el camino, hórreos y más hórreos. Más grandes, mas pequeños, pero todos de encanto.


Llegamos a Santiago ya de tardecita, felices y agradecidos!


Lo sabemos, estamos en camino!


Que estemos bien...gracias por pasarte por este que pretende ser un diario personal y ala vez público de mis vivencias en los viajes . Gracias, en serio! Abrazo!

miércoles, 10 de octubre de 2018

Y un día llegamos a Santiago de Compostela


Con esta primera fotografía tan autorreferencial, me doy cuenta de varias cosas a la distancia.
Primero, sentía una felicidad inmensa. Desde el primer viaje a Europa allá por el año 1995, me había propuesto conocer Santiago de Compostela. La realidad es que en cada viaje invernal nos dejábamos pinchar el globo por todos los comentarios adversos respecto a lo climatológico. Y aunque seguramente no necesariamente el clima te arruina un viaje, agradezco haber esperado tanto para una primera aproximación. No nos podrían haber tocado mejores días para recorrer esta ciudad y un pueblo vecino de ensueño.
Segundo, ya iba tomando un colorcito que mi cuerpo no registraba desde el viaje a Europa en mayo de 2016.
Tercero, mis canas no se aguantan más de 20 días...en fin...nada, pero nadita de este mundo, podría empañar la alegría física que sentía de estar en la tierra de los peregrinos.
Cuarto, perdí muchas fotos de esta parte del viaje y aunque me amargó en su momento, ahora me doy cuenta que todo aquello está dentro de mi y siento aquella misma alegría para toda la vida.


En mayo nos tocaron días de 25° grados, flores, cielos generosos, un aire perfumado y la alegría del cuerpo que no está exigido ni al frío extremo ni al calor de los infiernos.








Nos tocaron días de peregrinos y visitantes en modo disfrute...























Días de andar otra vez para arriba y para abajo...Compostela es muy pequeña y la podés recorrer al completo al cabo de dos días, pero me recordaba a Lisboa o a Oporto, muchas cuestas que te hacían valorar aún más tan hermoso paseo.















Días de admirar la fortaleza, la emoción, el llanto, las risas y los abrazos de los peregrinos, frente a la majestuosa Catedral de Santiago de Compostela en la Praza do Obradoiro. Conmueve inmensamente ese momento en que los ves llegar o se encuentran con sus cuerpos exhaustos tirados en la plaza, descansando, agradeciendo...realmente te dan ganas de unirte a ese abrazo y agradecer con ellos por tanto vivido. 





Conmueve el silencio que traen dentro y esa fe , en sí mismos por supuesto.














Nos sentimos realmente afortunados y yo al menos, con ganas de  tener 25 años para hacer el camino francés desde Saint Jean de Port, donde nació el abuelo del Vasco . Pero no tengo 25 y no sería un problema si mis huesos no me hicieran sufrir tanto.




Jugamos como niños y seguimos caminando y caminando con ese miedito a no saber si habremos de volver algún día ( y eso que en ese momento el euro estaba a $26).


El día es generosísimo, Son más de las 21 hs y el cielo te convida a seguir pataperreando.



Pero como todo , finalmente se va haciendo de noche y nosotros estamos en ruinas...ja!




Qué maravilla es andar y andar y andar y andar.....en fin...seguiremos andando! Que esté bien!