Ya conocen bien en qué estado físico y mental encaré esta nueva aventura. No estaba de humor. Sentía miedo y desánimo. No iba a poder. Mi cabeza luchaba entre todo lo trabajado en terapia y todas las millas acumuladas de malestar registrado en el cuerpo y el alma, con cada sorpresivo e incomprensible ataque de pánico.
Cuando hablo de estos desequilibrios de la ansiedad, potenciados por una angustia miserable de la que no podés dar cuenta- al menos en mi caso- no hablo de tenerle miedo al avión.
Llevo sobre el lomo más de 100 vuelos de todo tipo y sin embargo JAMÁS un vuelo significó sinónimo de miedo, de ahogo, de posibilidad de muerte, de no poder bancarme el encierro, de que seguro me faltaría el aire, de toda esa mierda que me tuvo de cabeza el año pasado.
Así que con toda esa mochila encima estaba paradita en Ezeiza con el Vasco esperando embarcar.
Esta vez volamos por Iberia y todo fue muy bien.
Antes de subir al avión tuve que llamar a Norma, mi analista, no podía hacerlo, estaba convencida de que no iba a salir bien. Con toda su ayuda y su aguante profesional, finalmente volé y al aterrizar y salir del aeropuerto, mi cuerpo volvió a registrar la felicidad que siempre me ha dado cruzar el charco con mi valija al hombro. Me sentí tannnnnn feliz, tan agradecida por volver a vibrar esa cuerda en mi cuerpo que no cabía de la alegría.
Con toda esa nueva adrenalina, esperamos el transfer que el hotel cercano a Barajas nos había ofrecido. Buscamos uno que estuviera cerca, ya que al otro día saldríamos temprano para Londres. La idea era llegar a Madrid, tirar todo en el hotel, tomar el metro al centro de la ciudad, darnos una vuelta, comer algo y descansar para que al otro día pudiéramos marchar a una de las ciudades a las que jamás nos cansará volver. Y así lo hicimos.
Habíamos reservado el Clement Barajas. Excelente opción! Muy bien de precio, buenos servicios, cercano a la estación de metro que te lleva al centro de Madrid, con un generoso desayuno buffet, en fin, la mar de bien!
Dejamos todo y a pataperrear!
El Vasco con cara de sueño...jaja!
Ya atardecía y la Puerta del Sol se matizaba con diversos colores.
Un aperitivo en Casa Labra antes de cenar...ricor!
A dormir que mañana volvemos a volar. Es genial que el metro conecte pleno centro madrileño con Barajas.
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Después de un desayuno generoso, nos ponemos en marcha. EL transfer del hotel nos trae al aeropuerto. Sólo 10 minutos de carrera.
Esta vez sin miedo, más tranquila, pensando que mi suerte ya había cambiado. Y fue tan así que ni yo me lo creo. Se vienen nuevamente a Londres con nosotros? Abrazo!
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