viernes, 14 de septiembre de 2018

Ver Nápoli y después vivir!

Domingo en Napoli es doble domingo a nivel familiero, y aún más ese en particular, ya que  sin saberlo,estábamos frente a una domenica molto speciale! Se festejaba en esta ciudad tremendamente viva, el día de la mamma! La mamma italiana ya de por sí, es decir palabras mayores, pero si a eso le sumás la condición de napolitana...ni hablar!!!


Salimos del B&B hacia nuestro único destino seguro. A unos 200 metros nomás, la Galería Umberto I, donde se encontraba la cafetería que nos habría de dar el desayuno diario.


Y aquí, en esta simple fotografía de dos confituras italianas, las diferencias irreconciliables entre el Vasco y yo. Él una de hojaldre bien crujiente , yo siempre alguna que sea súper esponjosa, bizcochuelosa en lo posible. 

 

Seguimos por la Vía Toledo, sólo que para el otro lado. Queríamos llegar al mar. En el camino nos cruzamos con esta famosa cafetería napolitana que data de 1860. La Gambrinus es como para los de Buenos Aires, algo similar al Tortoni, un lugar emblemático donde no sólo se sirve un café bien bueno, sino además pastelería y helados de primera calidad.



Luego de una parada obligada allí seguimos camino, el día era espléndido, veíamos muchísima gente paseando en plan familiar. Al lado de la Gambrinus nos encontramos con la Piazza del Plesbicito.


Enfrente de la piazza, el Palacio Real napolitano.




Todos los edificios y las piazzas son de un tamaño desmesurado. Todo es grandísimo en Nápoli. Seguimos camino, y de pronto el mar y allí, detrás el Monte Vesubio, un volcán activo frente a la bahía de Napoli y a unos 9 kilómetros de la ciudad.





Ya en ese paseo marítimo, dimos de frente con el Castel dell' Ovo.



Y rodeando ese Castello un montón de barcitos y restaurantes en donde las familias empezaban a reunirse. Nosotros volvimos a hacer un alto en el paseo y nos sentamos a tomar un aperitvo antes de entrar al Castello.




Ves esos dos que van ahí? No tendrían más de 12 años y los dos de elegante sport. Me los hubiera comido a  besos.


Y este papá? Un campeón total!




Luego de reposar al solicto nos metimos en el castillo. Un lugar muy bello para recorrer a tus anchas. Lástima que caímos de casualidad y sólo tuvimos una media hora para curiosear, ya que cerraba al mediodía.












Al salir de allí, nos esperaba una verdadera fiesta social. 










Después de más de 2 horas de caminata por la rambla de la via Partenope, donde se sucedían los restaurantes de cara al mar,  y se agolpaban las familias para almorzar, dimos con un lugar donde comimos riquísimo!






La comida fue estupenda en un lugar donde casi la jugábamos de locales.


Seguimos caminando...el domingo se presentaba precioso!


Y así sin querer queriendo llegamos a esta plaza monumental, la Piazza Vottoria. Desde allí, la idea era subir en funicular hasta el barrio burgués de Vomero, un barrio muy recoleto y bonito.










El sólo subir en este funicular valió la pena irnos hasta el Vomero, donde vive el napolitano menos característico de esta Patria maravillosa. Todo muy paquete y bonito. Pero ya se había hecho tarde y por nada del mundo nos queríamos perder el Nápoli maravilloso, caótico, bullicioso y encantador.








Cómo verás, el día fue muy largo, muy precioso de ser vivido. Cada rincón, cada caminito nuevo que nos disponíamos a andar, nos resultaba la mejor aventura posible. Es que no hay modo de no sentirse vivo en Napoli donde dejas tu corazón por siempre y donde ella te ofrece el suyo sin falsedades o posturas. Como dicen muchos. O la odíás o la amás por siempre. Qué suerte contarnos entre tus amantes deseosos de no dejarla nunca. 

Que empieces bien la semana! Abrazo!