viernes, 21 de agosto de 2015

Ahora sí...para gusto los colores!

Sé que tengo el umbral de la frustración muy bajito…pero qué desilusión cuando un “ídolo gastronómico” es de barro y no de material precioso como pensabas.
La cuestión es que hace poco más de un mes se inauguró en Buenos Aires, barrio de San Telmo, un local poco pretencioso de Borja Blázquez, el cocinero vasco que tanto difundió su cocina por estas tierras. Como saben, el Vasco y yo, somos nietos de la tierra vascongada y tenemos un aprecio especial por aquel terruño y todo lo referido a su gastronomía, una de las más apreciadas y apetecibles del mundo.
La cuestión es que el Vasco estaba muy entusiasmado con conocer de manos del cocinero en persona delicias de Euskalerría.
Solicitó la reserva de una mesa vía Internet a la página del restó para las 22 hs.



Dispusimos nuestro ánimo, nuestro estómago, nuestro olfato, nuestra vista y todo lo que un foodie hecho y derecho dispone para una cena inaugural.
Consideramos que la comida española en general y la vasca en particular no guarda demasiados secretos, pero la sola esperanza de reeditar esos sabores en nuestras papilas…nos ponía contentos y expectantes.
Llegamos puntualísimos. EL lugar de una puesta en escena modesta. Eso me gustó. Que no fuera pretencioso…“El lujo es vulgaridad…”
Al llegar nos dijeron que había un problema con la reserva. ya que la tenían tomada para las 23 hs.
Lo consultaron con Borja y en compensación nos ofrecieron una copa de vino y unas tapitas. 






Fueron muy amables. De todos modos esperar de pie, acodados en la barra una hora, no fue lo más copado. Pero hasta ahí, todo era expectativa…una expectativa emocionada.
El restaurante, tiene poquitas mesas en la planta baja desde donde se ve la cocina y al mismo Borja controlando la salida de los platos y un primer piso con 10 o 15 mesas y una decoración  a prioridad sencilla, luego de dudoso buen gusto.


La decoración... en fin, una cuestión en la que apenas hubiera reparado si todo lo demás hubiera sido una fiesta. Pero quiso ser que no.
La carta es acotada. Eso también me pareció muy atinado.
Una cata de tapas. Con 2 o 3 menúes de tapas posibles. Y no más de 10 platos principales, entre los tradicionales españoles y algunos maridajes culinarios de la nueva cocina.
Nosotros nos inclinamos por el menú de tapas - de primero- , un arroz con mariscos y pescado- de segundo y una sopa horneada de chocolate negro con helado de chocolate blanco de postre.
En tanto esperábamos,  nos volvieron a servir la misma tapa que nos habían ofrecido de cortesía en la barra de planta baja. Un paté muy rico y dos chopitos de sopa caliente de calabaza y zanahoria, un tanto insulsa. 
Fue una pena que el servicio demorara tanto en servirnos la bebida.
La panera no merece mención alguna. Sin variedad ni una calidad que merezca ser destacada en particular.
Las tapas consistían en una mini tortilla con chorizo colorado, tres tostas con pan tumaca y jamón crudo, otra con una mezcla de atún con mayonesa, y otra con unos champigñones , 3 croquetas de bechamel y ¿ jamón crudo? ( receta de la mamá de Borja “supuestamente”) y rabas con salsa de mayonesa.






Todas y cada una de estas tapas…para el olvido! La tortilla seca y  sin sabor alguno. La mayonesa que acompañaba a las rabas no tenía gracia. El empanado doble de las rabas y de las croquetas , innecesario. Si alguna vez estuviste en España, en Madrid por ejemplo y tuviste la oportunidad de comer las croquetas de Casa Julio o de Casa Labra, o el mesón Portomarín… entenderías las expectativas que tenía respecto de toda esta entrada. Menos mil puntos. Nada que no hubiera podido comer –pero con mayor sabrosura, claro- en la fondita de Boedo a la que vamos cada sábado a almorzar.
Pensamos que quizás la elección no había sido la más acertada y le pusimos todas las fichas al plato principal. Pero qué horrible decepción.
Los platos suben por un “ascensor” o sea que si tenés que pedir que rectifiquen el punto del plato o pedir – por ejemplo- queso rallado…todo lleva un tiempo enorme entre que se comunican telefónicamente con la cocina, el plato baja por el ascensor y  luego vuelta el plato  a subir.
Cuando nuestros platos subieron, en ese mismo momento, el mozo se tomó todo un tiempo precioso en repasar los platos hasta dejarlos a brillo bruñido. Genial ese detalle de la higiene, si no hubiera sido porque nuestro arroz se enfrió. A eso sumale que se me ocurrió pedir pimienta negra y queso rallado (ya sé no va con el pescado, pero para gustos los colores, y para mí el arroz con lo que sea, sin queso rallado no suma). Ese sencillo pedido, demoró exactos 10 minutos. Ya estaba de malhumor. La comida no me estaba resultando nada sabrosa y el servicio no se relacionaba con el tipo de restaurante.
El arroz…menos diez mil!



Dos o tres langostinos…dos o tres mejillones y el resto pedacitos de pescado y no es por ser vanidosa, pero nos hemos gastado nuestros buenos mangos en muchos arroces con mariscos en nuestra hermosa Buenos Aires (en muchos centros vascos y a cual más bueno) y también en la tierra de nuestros abuelos.
Por Dios…qué desilusión. Borja mató con sus propias manos una ilusión gastronómica que supuso no solo una inversión económica considerable, sino una inversión afectiva. Pero bueno…la única redención llegó con el postre, realmente bueno, gustoso, sabroso y rico por demás. Una especie de volcán de chocolate caliente “estrellado” en un plato hondo con un riquísimo helado con verdadero sabor a chocolate blanco. Por fin una buena dijimos !




Sinceramente si tuviéramos que puntuar la experiencia gastronómica, para el nivel pretendido por el lugar y el renombre del cocinero…sólo pondríamos 4 valijitas.




Por supuesto que mi intención no es desalentar a nadie a que haga su propia experiencia en lo de Borja, quizás esa noche no era la mejor noche y lo desabrido  fue algo excepcional. Nosotros por lo pronto, no volveremos.

Y como siempre mil gracias por pasarte por acá y a pasarlo bonito este fin de semana. Un abrazo viajero!








viernes, 14 de agosto de 2015

Colonia del Sacramento a solas.

EL 9 de julio pasado el Vasco se hallaba en Milán, por trabajo.
Yo, en Buenos Aires, por trabajo.
Acá feriado.
Yo extrañándolo horriblemente.
El 8, mientras estaba trabajando, no podía dejar de pensar qué mal me lo iba a pasar sola un día feriado en casa.
Nunca antes me había sentido así,  tan extraña y a malas con la soledad. Por lo general soy bastante solitaria y disfruto de mis ratos con mi conmigo.
Pero esta vez, el desazón se había apoderado de mí y la saudade hacía estragos.
Entonces mis ángeles guardianes soplaron a mi oído ...Colonia...

Y sí, no lo dudé ni un momento y como un verdadero arrebato a lo Telma y Louise, saqué la tarjeta de crédito, me metí en la página de Buquebús y saqué pasajes para ir y venir en el día.
No hay otro lugar en el mundo- por ahora al menos- en el que me sienta más arropada, por más que no cruce palabra con nadie en todo el día, que en este rincón del Uruguay. 
Colonia es estar en casa. En una casa que me habita a mí, más que yo a ella.
Por supuesto llegué a casa ese mismo 8 y ya me había arrepentido del arrebato. Lo dejé librado a lo meteorológico. Si el plan fallaba tenía libros y pelis para no salir de casa y que el día pasara. Pensé que no. Pero sí.El 9 me levanté temprano y me fui al puerto. 
Con mi cámara de fotos y mi alma de valija.
El viaje de ida fue sereno y aunque estaba todo nublado, me sentía feliz...contenta con la decisión que había tomado.
Sí, mi corazonada no había fallado.
Había recuperado algo de mi Mariana, de la de antes del Vasco y eso me ponía de pie ante mí misma.
Así que si te copás, calzate las zapatillas y venite a pataperrear conmigo por esta ciudad ten bella.







 En Viejo Barrio, mi restaurante de toda la vida. Voy a este lugar desde mis 20 años. Calculá...













































 







































 





 







Bueno, vamos volviendo, que como yo seguro que estás muerta de tanto caminar y caminar. Pero no es acaso, un cansancio dulce de esos que te ponen bien el cuerpo? Ojalá hayas disfrutado de este recorrido por Colonia tanto como yo. A mi me enamora desde hace muchos años. Y a vos?


Que estés muy bien y espero retomar mi cotidiano para volver a encontrarnos por acá la semana que viene. 
 Buen fin de semana y a disfrutar del finde largo!