lunes, 24 de abril de 2017

Volamos de Oporto a Madrid

Bueno, todo tiene un final y este viaje a Oporto no iba a ser la excepción.  Fue una semana maravillosa en una ciudad a la que siempre desearemos volver.


Salimos cantando bajito al dejar el hotel y cada uno con su maleta a tomar el metro que nos dejaría en la entrada del aeropuerto.


En aproximadamente media hora, quizás poco más, estás pronta en un modernísimo aeropuerto.



Nos tocó esperar ya que todavía Iberia no había abierto sus mostradores para despachar el equipaje y hacer el check in.


Una vez cumplimentados los trámites previos a cualquier vuelo y haber dado una vuelta por el freeshop, nos dispusimos a esperar con traquilidad la salida de nuestro regreso a Madrid. A mí toda la movida del aeropuerto me gusta, es el mejor indicio de que estamos por viajar. No me estresa ni me molesta el papeleo o el tiempo lógico de espera antes de tomar un vuelo.


Vos, cómo te llevás con los aeropuertos?


Y ahí estamos pasillo-pasillo, esperando despegar. Es entonces cuando a mí me salta la térmica y necesito estrujarle la mano al Vasco. Toda esa potencia que el avión necesita para levantar vuelo, después de carretear , me sigue resultando un hecho tan inverosímil como increíble. Me pongo tan tensa como en el momento de aterrizar, cuando hago muchísima e inútil fuerza con las piernas como me es posible, como si con ello pudiera frenar el avión sobre la pista. Son dos momentos horribles para mí, a pesar de los más de 100 vuelos que tengo en mi haber de viajera.


No llegó a hacer una hora de vuelo que ya estábamos otra vez en la capital española.



Y ahora sí, taxi mediante (tarifa fija a cualquier parte del centro de Madrid 30 eurillos) volvemos a nuestro hotel que se ha ido , como ya les conté, agiornando  con los años para captar un tipo de cliente nuevo que busca comodiad, confort pero diseño y estilo también.


En esta oportunidad tomamos la mejor habitación, con terraza propia y amenities  acordes a la categoría de la misma.

















Y la verdad que no defraudó en absoluto. Después de dejar las maletas, salir a dejarnos andar por una Madrid tan amigable como nunca, comer delicioso, hacer unas compritas, volvimos al hotel donde nos esperaba en la habitación un cava estupendo.


Una hermosa noche que no nos duró demasiado, ya que al otro día nuevamente  debimos ponernos en marcha para volar a Londres!





Pero ese viaje te lo cuento en nuestro proximo encuentro del miércoles. 
Muy buen comienzo de semana.

viernes, 21 de abril de 2017

Del paseo en barco, a nuevas tiendas y al mejor gin tonic de Oporto.

Después del pantagruélico almuerzo del post anterior, decidimos tomar uno de los barquitos para recorrer el Duero de cabo a rabo. El pasaje estaba  incluido en el costo de los boletos de autobuses turísticos.









Se pasea por debajo de los distintos puentes que cruzan el río uniendo uno y otro lado de Oporto. Se pasa bonito porque es un río que huele a mar.


















Estas parejitas en la orillita del río pasando la tarde, me recuerda el paseo en barco por el Sena.


Imposible privarse de las fachadas de los edificios. Son tan singulares.




Nos vamos de la Ribeira muy felices, pero que muy, muy, muy!!! Si el rollito en enero es tan bonito en esta zona no quiero imaginarme el privilegio de los que puedan viajar en primavera!


Ya al atardecer el frío apretaba fuerte, así que nos pusimos a caminar rumbo a la zona de los Clérigos, para tomar alguito en nuestra última noche de Oporto. Caminando dimos con esta tienda "la Casa Oriental", donde atraídos por el cartel de venta de té, café y chocolate, entramos. Pero grandísima fue nuestra sorpresa cuando al entrar dimos de lleno con el Disney de las latas.





Los precios no son precisamente económicos, pero bueno nos dimos un gustito y nos trajimos las más emblemáticos. Huelgan las palabras...a que sí!



Justito al lado de esta casa Oriental se encontraba la Casa Portuguesa. Allí se vende como el pan caliente, una croqueta de papa rellena con un queso característico de la zona. y tuvimos que probar...no quedaba otra. Ja!




Con el último bocado, seguimos caminando y disfrutando nuestra ultima noche en esta ciudad tan querida.



Pasamos frente a famosa librería de la que ya hablamos...


Y nos metimos en un bar increíble, atraídos por la estética del lugar. 

                          Buen consejo en el toilette del lugar.



El Vasco redescubrió en este viaje el gin tónic y se aficionó. Y este bar, el Honorato Hamburgueres Artesanais además de cancherísimo, tenía 120 variedades de gin y 24 tipos diferentes de  aguas tónicas para prepararlo. Así que el muchacho estaba entusiasmado como niño pequeño en una juguetería.




Extasiado mirando por el gran espejo que estaba a mis espaldas, cómo le preparaban el trago.



Nuevamente él con su trago y yo con mi jugo de naranja. En fin...no puedo ser completa...jaja!





Y así con este trago y este ambiente y este clima y esta felicidad nos fuimos a dormir.
Gracias a la vida!



El lunes nos vamos para Madrid, parada técnica y a seguir a Londres. Otra indispensable!

Gracias por acompañarnos. ojalá te haya transmitido que Oporto merece la pena ser visitada, recorrida, subida y bajada, saboreada, degustada, fotografiada, vivida...y por sobretodas las cosas disfrutada. Te espero por acá el lunes en nuestro próximo destino. Buen finde!