El domingo fue un día precioso en Buenos Aires, capital. Con el Vasco decidimos tomárnoslo por nuestra cuenta y hacer un enrome paréntesis en estos días de exámenes y tanto libro. Casi que me secuestró y salimos al sol, a la vida del aire frío en un día por más de soleado y bonito.
Planes? No teníamos.
Yo agarré mi cámara de fotos, nos subimos al auto y allá nos fuimos. A dónde? A Andar por la ciudad, en especial por San Telmo, aunque también nos llegamos hasta la Boca, para conocer la Usina del Arte, que ya había cerrado para cuando llegamos nosotros.
Salimos al mediodía, así que aprovechamos las horas más lindas, para caminar y andar a nuestro aire.
Nosotros adoramos San Telmo!
En esta misma esquina nos conocimos con el Vasco hace casi 11 años atrás.
No son divinas??? Me hicieron dar un chapuzón en mi infancia cuando no me perdía una sola de las emisiones de la Pantera Rosa.
Y este nuevo cafecito gourmet, nos llevó de un solo saque a nuestro barrio preferido de París.
Le Marais - Arrondissement IV
Bueno, basta de caminata y a comer que ya son las 3 de la tarde. Y sí, quisimos probar en el Café San Juan. Todo fue tan delicioso, que cuando llegaron los postres que habíamos ordenado y, luego de probarlos, me puse a aplaudir. El Vasco se moría de risa, pero yo sentía esa alegría que uno siente después de haber comido rico-rico desde la entrada hasta los postres, sobretodo tratándose de un lugar nuevo para nosotros.
Este postre se llevó toda mi admiración sensorial. Base de garrapiñada de frutos secos ( castañas de cajú, almendra, nueces y pedacitos de ciruela). Sobre esa base crocante un infartante brownie, luego una cama de crema chantilly semi montada, sobre la cual se erigía una bocha del más balanceado helado de sambayón. Coronando semejante torrecita, un capuchón de crema de chocolate.
Ñam-ñam-ñammmmmm!
También se robó mi corazón de gordaaaaaaa, la bavarois de maracuyá, con una tejas de almendra a la naranja y un coulis de frutos rojos. No me digan que no era para entrarle con aplausos.
Y sí, de vuelta a la caminata, había que bajar todo lo que habíamos comido. En la misma esquina de Defensa y San Juan, nos sorprendió una orquesta de jóvenes músicos que sonaba increíble. Y a esa tarde fría y ya nublada, le venía de perlas. Nos enscuchamos unos buenos tangazos!
Caminamos otro poco, dejándonos ir por las callecitas baqueteadas de San Telmo y después de un buen rato nos montamos al auto y enfilamos para La Boca, ya que queríamos ir a la Usina del Arte, pero llegamos cuando ya había cerrado. Entramos al museo del cine nacional, que está ahí al lado, y - aunque está en ciernes- puede llegar a ser prometedor más adelante.Por ahora cuenta con algún que otro vestuario, latas de cintas, afiches antiguos...pero no mucho más.
Ya era la tardecita y, contando con que iba a ser mi día libre por completo, quedamos con mi hermano Ariel en juntarnos en lo de los viejos. Así que encaramos para Floresta y allí disfruté mucho, mucho a mi sobri Catalina, cada vez más diablilla y mágica con sus tres irreverentes añitos que la convierten en un ser único.
"Vamos tía Pepa a jugar"- fue una de la frase más conmovedora del día. ¡Gracias a la vida por tanto!
