martes, 10 de julio de 2018

Querés vivir la dolce vita? Portofino, sin dudas!


Viste que te conté...que visitar Portofino era un sueño que tenía desde muy joven, la realidad es que llegué llorando, cantando, loca, loca, loca...
Es que vivir un sueño no es cosa de todos los días. 
Bajamos del barquito y no pude dejar de contemplar todo ese frente maravilloso que tiene no sé qué , que te embriaga, te emborracha descaradamente, te despeina, aviva tus sentidos, te hace agradecer una y mil veces estar viva.

De frente a la magia.

De espaldas a la magia, más magia aún, nuestro hotelito modesto en primera línea de playa. Si habré visto esas poquitas fachadas en aquella película sin saber que algún día me alojaría allí, también aparecen iluminadas en los videos del famoso concierto de Andrea Bocelli...y sí, ahora nos tocaba el turno de soñar más sueños en aquella pequeña habitación sin pretenciones.


Nos adentramos por esa callejuela y "ahicito" nomás ...


"Llegamos!!!! Pero mirá dónde era...re cerca...wow...qué suerte...!!!!" Cosas así, nos decíamos una y otra vez!


Sé que parezco el Guasón, pero creéme que la sonrisa era tan genuina que no me entraba en la cara, casi se me descosen las comisuras de los labios de tanto sonreir...😉


Subimos. Habitación cómoda, limpia, buena cama, aire acondicionado, ventilador de techo y una terracita adorable. Si necesitás más datos, te los paso.



Tiramos todos y a recorrerla. Que tenemos todo el día y la noche por delante.










Ya está decidido, acá volveremos más tarde a tomar un aperitivo. Podés creer ese silloncito al lado del mar?








Subimos un senderito pronunciado pero corto y nos encontramos con la fachada de la iglesia de San Martino que desde lo alto corona toda la bahía de Portofino.


Que acá no todo son yates, lujo y tilinguería.
Portofino tiene la bella arquitectura típica ligure muy bien conservada. Hay una Portofino muy cotidiana y es esta, la que más nos gusta.
Esta iglesia de estilo románico está dedicada a San Martin de Tours y data del siglo XII. 


Dentro hay esculturas y pinturas de la escuela genovesa. 


Volvemos a bajar y reparamos en el suelo tan bellamente decorado. Nos recuerda a las calles de Río de Janeiro o las de Oporto.

Seguimos bajando...


Antes de seguir y hacer otro ascenso hasta la iglesia de San Giorgio, hacemos la prometida parada para tomar alguito rico.




Atenti con mi galán...


Vuelta al ruedo. Por supuesto que hay varios comercios de esos donde las cifras de los precios, superan los 4 dígitos para cada prenda o calzado. Pero y pa' qué?





Esta escena del backstage de Portofino me encantó!!!


Volvemos a la bahía, nos sacamos mil fotos, no sabemos cómo llevarnos ese rinconcito del mundo para siempre dentro de nosotros.










De pronto, aparece una pareja salida como si de una página de la revista HOLA se tratara. Apa, acá sí que hay glamour. Pero adónde van?


Donde sería la fiesta? Eran las 5 de la tarde y nos encaminamos a subir una nueva cuesta muy pronunciada y extendida, pero que se puede hacer perfectamente, te lo aseguro. El caminito es hermoso!



Subir y subir...
Y de pronto toda Portofino se abre a nuestros pies. Y la alegría en el cuerpo y en el alma bulle a borbotones.







Encaramos el último trecho super tranca...




Y acá nos encontramos con la Iglesia de San Giorgio. Jamás pensamos lo que habríamos de presenciar en esta iglesia pequeñita y adorable en tan solo un rato .


A un costado de esta iglesia... Todo la inmensidad del mar .








(Sí, ya sé, la Liguria no huele...( qué bestia!)...pero la emoción me hizo decir cualquier cosa. Sorry!!!)



Al salir de la capilla, que estaban terminando de adornar muy festivamente, nos encontramos con esta escena. Más glam!


Y más...


Y más...

Y como buenos chusmas nos quedamos. De pronto por esa larga y pronunciada cuesta por la que habíamos subido hasta San Giorgio, aparecen caminando una novia del brazo de su papá. No lo podíamos creer. A patita!!


Todo muy natural...


Todos afuera protagonistas e invitados.



Re paparazzi la piba y meta sacar fotos. Todo era tan perfecto! El día, el lugar, lo descontracturado de la novia, la onda de todos sus invitados y familia. 
Una verdadera fiesta italiana.





A esta chica de vestido corto la vi subir de zapatillas y ponerse los estiletos sentadita al lado mío. Es que no había otro modo de subir hasta allí. Todos y cada uno, patita arriba hasta la cima de la colina, por ese empedrado tan peculiar.




Una vez que todos entraron a la ceremonia, bajamos con el inicio del atardecer, pero esta vez lo hicimos por una escalera ultra recta que nos hizo bajar en un santiamén, pero con muy poca comodidad.










Al volver a nuestra explanada favorita, nos encontramos con este auto de colección adorable.


Y al rato, otra vez los novios y toda la parentella.




Ahí entendimos de qué se trataba. Se sacaron fotos como verdaderas estrellas de Hollywood. Un cuento!



Nosotros seguimos a lo nuestro.


Subimos a descansar un rato, ponernos más guapos que queríamos disfrutar de la noche en esta perla mediterránea.


Aparecen las primeras luces...ufa no encienden las luces que vemos en el famoso recital de Andrea Bocelli. Mala paciencia!


Elegimos para sentarnos a cenar el mejor lugar restaurante y con más historia. Que una noche es una noche y estamos en Portofino!



Ay por Dios, este misti fritti...


(Esta foto es para mi madre, ya que quería mostrarle que había estrenado los aritos que me trajo de su viaje a Praga.)


Comemos muy rico, pasamos una noche deliciosa realmente...



Y de pronto, esas lucecitas que tanto quería ver se enciendieron para ponerme loca de contenta como un niño en pleno parque de diversiones.




Vamos cerrando la cena con un infaltable tiramisú para festejar tanto lindo!


Los más felices y delirantes del mundo nos ponemos a cumplir una promesa bajo la mirada de vaya a saber quién y de qué me importa.
Jamás olvidaré aquello. Gracias Vasco por tu complicidad y tu amor. Amo ese tipo de locuras que sólo vos y yo nos atrevemos a vivir.




Y así,  repletos de alegría nos vamos a nuestro hotelito ...


Y al día siguiente hubo un mañana y ya  la arrancamos para despedirnos de Portofino con saudade.



El día espléndido! Bajamos a desayunar y a emprender la retirada.












Hacemos dos cuadras para enganchar el bus que nos habría de llevar a Santa Margherita.



Planeamos volver en autobús porque nos dejaria justo en la estación de trenes, que vamos con la valija y no da para andar caminando montonazo con ella a cuestas.


Luego de un viaje muy cortito, no más de 20 minutos, estamos nuevamente en Santa Margherita Ligure para viajar a nuevo destino.


No sé si te habré empachado de fotos, si te habrá gustado tanto como a mí, pero creéme que es un lugar para enamorarse. Cada uno tiene ESE LUGAR donde todo lo asocia con cuestiones románticas. A nosotros nos pasó con Portofino.  Vos sabés que amamos París de una modo casi adolescente y eso nunca va a cambiar.  Pero Portofino,  nos embrujó.
Que estés bien y buen inicio de semana corta ( para los argentinos, que ayer estuvimos festejando el día de nuestra patria). Si tenés vivido ESE LUGAR tuyo donde sos o fuiste embriagadamente feliz,  nos contás? Abrazo! 
Abrazo viajero!

6 comentarios:

  1. Hermosas fotos!Gracias por compartir!Besos

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    1. Gracias a vos por pasarte y dejar tu huellita!Abrazo!

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  2. MARAVILLOSO ¡¡¡¡ la plenitud y sus caras de felicidad + el paisaje es el combo perfecto de lo romantico. Sabes también que amo fuerte Paris , pero este año Mikonos y Santorini nos hizo elevar el romanticismo al mil por ciento...creo igual Marian que somos bendecidas por el amor de nuestros hombres lo que hace cualquier lugar del mundo digno de una verdadera luna de miel . Los abrazo y los sigo en su historia viajera de amor

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    1. Si, Patri, cuánta razón tenés...a veces no es dónde sino con quién. Espero ansiosa tus historias en semejantes lugares a los que espero conocer. Abrazo!

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  3. Hola, me pareciste muy familiar al hablar, voy oronto por ahi, me darías alguna info o tu parecer, si contratar paseo en lancha y alguito de los lygares de la zona, desde ya mil gracias

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